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MONUMENTOS RESTAURADOS

Desde las termas de Lutecia hasta el palacete medieval de los abades de Cluny, el museo se encuentra en un lugar protegido como monumento histórico. El proyecto de modernización Cluny 4 ha permitido la restauración de dos monumentos emblemáticos de la historia parisina: los restos de las antiguas termas y la capilla del Palacete de Cluny. La campaña de restauración, dividida en dos proyectos distintos, se llevó a cabo bajo la dirección de Paul Barnoud, arquitecto jefe de los monumentos históricos, entre 2015 y 2017.

La capilla del palacete de los abades de Cluny

La capilla del palacete de los abades de Cluny es uno de los escasos ejemplos que aún se conservan de arquitectura gótica flamígera parisina. Su construcción data de finales del siglo 15, y había acumulado mucha suciedad, lo que dificultaba mucho la lectura de su decoración pictórica y escultórica. 

La restauración realizada en 20152016 permitió revelar rastros de colores en la decoración escultórica, además de numerosos detalles de las pinturas murales, de inspiración italiana. Esta limpieza también sacó a la luz una excepcional policromía azul verdoso en el fondo de las bóvedas situadas sobre la capilla y sobre las decoraciones del tambor de la escalera de caracol. También se limpiaron los raros fragmentos de vidrieras y se colocó una vidriera de rombos en el resto de los vanos. 
La restauración de las fachadas este y norte consistió en una limpieza de las paredes y una renovación parcial de las juntas de la mampostería. Se instalaron canalones para proteger del chorreo del agua.

Los vestigios de las termas antiguas

A lo largo de su historia, las termas antiguas de Lutecia han cumplido diversas funciones. Gracias a la ocupación humana permanente, siguen siendo, aún hoy, un testimonio excepcional de la construcción y las formas de vida galorromanas. No obstante, los restos se encontraban muy fragilizados por la lluvia y el viento.

Algunos restos de construcciones, que se habían dejado al aire libre y sin tejado, presentaban signos de fragilidad.
La restauración que se llevó a cabo en 20162017 permitió limpiar la mampostería para consolidarlas e identificar varios morteros, incluido el mortero antiguo. El edificio conocido como ‘el anexo romano’ se cubrió, y los vestigios en ruina se protegieron de las inclemencias del tiempo mediante la instalación de una cubierta de plomo.
Se prestó una atención muy particular a la sala conocida como «de los enlucidos», que conserva una parte de los enlucidos policromados antiguos. Para evitar la filtración, también se instalaron sellos de plomo, y se favoreció la luz natural con la instalación de una techo periférico de cristal. 

Esta campaña se realizó tras la restauración, en 2009, de los enlucidos y paramentos interiores del frigidarium.