By using this site you agree that cookies are used for purposes of analysis and relevance     Yes, I agree  No, I want more informations
FrançaisEnglishEspañol
> El museo de Cluny, museo nacional de la edad media > El palacio de los abades de Cluny

El PALACIO DE LOS ABADES DE CLUNY

Cuidado : el palacio de los abades de Cluny está cerrado hasta el fin de 2020.
Desde la nueva recepción del museo se puede visitar : el frigidarium, las termas de la Antigüedad (recorrido con guía), las tapicerías de La Dama del Unicornio y una selección de 70 tesoros de la colección permanente y por fin las exposiciones temporales.

Un marco para un museo

La poderosa orden de Cluny. La orden monástica, establecida en Borgoña y que controlaba una importante red de abadías, por toda Europa occidental, disponía de tres colegios, implantados estratégicamente cerca de los centros de poder, en París y en Aviñón, así como en Dole, en tierra de Imperio. Estos establecimientos recibían a los novicios de la orden, para su formación universitaria. El colegio parisino fue edificado en el siglo XIII, al Sur de la actual plaza de la Sorbona. El abad de Cluny disponía, por su parte, durante sus estancias en la capital, de una residencia más adaptada a su estatuto, situada a proximidad inmediata.

Historia de la construcción

La residencia inicial, contemporánea del colegio, solo se conoce por una mención de los archivos. El palacio particular actual fue construido a partir de 1485, por Jacques d’Amboise, abad de Cluny, procedente de una de las familias dominantes de finales del siglo XV. Al dirigir la orden de Cluny, el joven abad hizo construir un edificio destinado a magnificar su estatuto: materiales costosos, plan complejo, decoración opulenta.

Lugar de residencia y de representación, el palacio de los abades está adosado y se mezcla íntimamente con termas galorromanas que ocupan el oeste de la parcela. La permanencia de estos imponentes edificios de la Antigüedad y su integración no son una singularidad; la dimensión económica del proyecto arquitectónico lo explica en parte. Hubiera sido muy dispendioso destruir estos edificios de la Antigüedad, para obtener un terreno despejado, emprender gastos de mano de obra colosales, sin poder además vender los materiales recuperados. El director de obra se conformó pues con estas obligaciones y las transformó con genio a su ventaja.

Un palacio particular moderno e innovador

Construido en estilo gótico, el palacio de los abades de Cluny optó por la opción de una residencia de excepción, el palacio particular, forma arquitectónica urbana que tendrá posteriormente un extraordinario éxito, durante todo el Antiguo Régimen. El muro almenado ciego, en la calle, bordea un amplio patio interior, accesible por una puerta cochera y una puerta pequeña. Las fachadas reciben una bella decoración esculpida gótica flamígera. En los frontones, tragaluces altos, en los lienzos de la pared de la torre de la escalera, los escudos de armas de Jacques d’Amboise, afirman el poder y el rango del comanditario. El cuerpo central del edificio está enmarcado por dos alas, una al Este con las cocinas en la planta baja, la otra al Oeste, que forma una galería, en el piso superior, encima de una serie de soportales abiertos. El arquitecto supo explotar hábilmente una parcela irregular, la presencia de los edificios de la Antigüedad y encontrar soluciones innovadoras, para estas obligaciones.

La capilla, joya del palacio, ocupa un emplazamiento singular, en la parte trasera del edificio, que marca su carácter privado. De plan casi cuadrado, despliega, a partir de su único pilar central, una densa red de nervaduras. En los muros, los doce doseles alojaban, no estatuas de los Apóstoles, sino las de miembros de la familia de Jacques d’Amboise, haciendo de este lugar de culto privado un manifiesto de su posición personal, por la exaltación de su familia. Dos mujeres santas, pintadas hacia 1500 por un artista italiano, en las paredes del ábside, acompañaban una Virgen de la Piedad, hoy desaparecida. La capilla también funcionaba como una rótula de distribución y permitía al abad acceder al jardín directamente por una escalera de caracol que conectaba al espacio abovedado. Este jardín, antaño poco profundo, envolvía el eje del cuerpo del edificio. En el Oeste, dos jardines suspendidos estaban instalados encima de las espesas bóvedas del frigidarium y de la actual sala romana (sala 10).

Un pequeño castillo en la ciudad

Hoy en día, el palacio de los abades de Cluny está a la vez cerca y alejado de lo que era en la Edad Media. Sus fachadas, sus tejados se han beneficiado, en el siglo XIX, de una restauración de calidad, llevada a cabo escrupulosamente por Albert Lenoir, respetando las disposiciones de origen. Sin embargo, el tejido urbano en el que estaba envarada ha desaparecido, tras las obras de urbanismo del barón Haussmann, que modificaron significativamente la percepción de esta “pepita urbana”, como la cualificaba Prosper Mérimée, insigne joya de la arquitectura medieval civil.