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Retablo de la Pentecostés
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El Museo Nacional de la Edad Media tiene la suerte de poseer una de las más bellas colecciones de obras de orfebrería y esmaltado de la Edad Media. Estos objetos de oro, plata e incluso cobre suelen estar esmaltados o adornados con piedras preciosas, y formaban parte del tesoro de las ricas abadías y de los grandes príncipes de Occidente. Tal es el caso de las famosas coronas de Guarrazar, procedentes de las iglesias de Toledo, entonces capital de España, donde los reyes y los príncipes visigodos del siglo VII las dejaban en señal de ofrenda. El Frente de altar de comienzos del siglo XII que perteneció al tesoro de la catedral de Bâle, fue encargado por el emperador Enrique II, quien está representado a los pies de Cristo, acompañado por la emperatriz. Además de estas obras maestras, el museo conserva un conjunto ejemplar de decenas de esmaltes de Limoges que ilustran toda la historia de esta importante producción.
La colección de marfiles del museo es junto a la del Museo del Louvre una de las dos principales colecciones parisinas. La misma se extiende desde finales de la Antigüedad hasta finales de la Edad Media. El marfil es un material de origen animal que gustaba mucho a los hombres de la Edad Media. Sobre los colmillos de los elefantes, fabricaban objetos de una tamaño importante, como una Virgen con el Niño que se conserva en el museo y que es una de las más grandes que existen hasta nuestros días. Paralelamente a los objetos religiosos como los pequeños retablos en dos o tres partes y las cruces, no desdeñaron los objetos civiles: cofrecitos, espejos, peines, instrumentos para grabar. Muchos de estos ejemplares son del siglo XII pero la mayoría pertenece al siglo XIV. El Bajo Imperio, el período románico, la importante producción de la época gótica, están bien representados tanto por las obras de fabricación cotidiana como por las piezas excepcionales.
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